

Su caparazón no es solo una protección externa: está formado por huesos fusionados con su columna vertebral y costillas. Además, está cubierto por placas llamadas escudos, que ayudan a identificar diferentes especies.
En las tortugas terrestres, el caparazón suele ser más alto y pesado, mientras que en las marinas es más plano y aerodinámico, lo que les permite nadar mejor.
Aunque no tienen dientes, poseen un pico fuerte con el que cortan su alimento. Su dieta varía:
- Terrestres: plantas, frutas y hojas
- Acuáticas: plantas, insectos, peces pequeños
- Marinas: algunas comen medusas, algas o esponjas
Las tortugas tienen un metabolismo lento, lo que significa que pueden pasar mucho tiempo sin comer y conservan energía. Esto también influye en su longevidad.
Un aspecto muy interesante es su orientación. Las tortugas marinas pueden recorrer miles de kilómetros y luego regresar a la playa donde nacieron para poner sus huevos, guiándose por el campo magnético de la Tierra.
En cuanto a la reproducción:
- Ponen huevos en nidos que hacen en la arena o tierra
- No cuidan a sus crías después de que nacen
- Muchas crías no sobreviven debido a depredadores
Otro dato importante es que la temperatura del nido puede determinar el sexo de las crías en algunas especies.
Las tortugas enfrentan varias amenazas:
- Contaminación (especialmente plásticos en el mar)
- Cambio climático
- Destrucción de playas y hábitats
- Caza ilegal
A pesar de su apariencia tranquila, son animales clave en el equilibrio ecológico. Por ejemplo, las tortugas marinas ayudan a mantener sanos los pastos marinos, lo que beneficia a muchas otras especies.
Un dato curioso: aunque son lentas en tierra, algunas tortugas marinas pueden nadar a velocidades sorprendentes durante largas migraciones.
